la absurda guerra contra la marihuana

La absurda guerra contra la marihuana y sus costes

Si miramos a países como USA, la república Checa o Uruguay es fácil venirse arriba y ver un mundo respetuoso con sus ciudadanos que les aporta dignidad, autoestima y salud, al mismo tiempo que los estados recaudan los impuestos que en el resto de países del mundo parece que los gobiernos prefieren dárselos al narcotráfico.

La absurda guerra contra la marihuana viene de muy atrás, aproximadamente de 1914, y en los motivos que llevaron a la prohibición se mezclan intereses comerciales de grandes corporaciones, apoyados con todo tipo de argumentos de médicos, políticos y periodistas que se vieron beneficiados por estas empresas.

En aquel tiempo se llegaron a escuchar explicaciones sin ningún tipo de base científica que incluso fueron degenerando hasta la política más rastrera el periodismo más prostituido y el racismo. Algunos medios se atrevieron a publicar barbaridades como estas:

“La marihuana da valor a los negros para mirar a los blancos a la cara y más de lo permisible a las mujeres blancas”.

“La razon primaria para prohibir la marihuana es su efecto en las razas degeneradas”.

“La marihuana es una droga adictiva que produce en sus usuarios locura, criminalidad y muerte”.

“La marihuana hace que los oscuros crean que son tan buenos como los blancos”.

“La marihuana lleva al paficismo y el lavado de cerebro comunista”.

“Si fumas un porro, es probable que mates a tu hermano”.

“Cuando uno de estos jornaleros toma un poco de esto… se cree que acaba de ser elegido presidente de México, por lo que empieza a ejecutar a todos sus enemigos políticos”.

Lejos de esta mezcla de perlas lanzadas por políticos, periodistas y encargados de agencias gubernamentales estaban varios estados permisivos que terminaron por sucumbir a esta oleada prohibicionista que dio comienzo a la absurda guerra contra la marihuana.

Ahora que ya ha pasado más de un siglo desde aquellas tristes fechas en la mayoría de países del planeta, los consumidores de marihuana seguimos siendo víctimas de estas absurdas leyes.

Si hablamos de costes de la absurda guerra contra la marihuana, es evidente el alto gasto militar-policial dedicado a perseguir a los consumidores y autocultivadores de cannabis que además en muchos casos descuidan funciones más importante para la seguridad de los ciudadanos.

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Por otra parte en cualquier país del mundo donde vayas es facilísimo encontrar marihuana en las calles y siempre se dan rocambolescas situaciones como en los países donde llevaron al extremo la absurda guerra contra la marihuana y más penalizado está el consumo o tenencia de marihuana, que te la ofrecen directamente enfrente de las comisarías de policía. Pareciera que algunos comisarios quieren saberlo todo respecto a la facturación y que no se les escape ni una moneda.

En el párrafo anterior me estaba refiriendo a la isla indonesia de Bali, donde por un porro te pueden meter cadena perpétua y si la cantidad asciende incluso la pena de muerte.

Como no me gusta hablar sin saber, sigo citando ejemplos reales de los países donde he estado.

Por ejemplo en Venezuela ahora la ley ya es más permisiva y desde aquí agradezco a ese policía puesto por el comandante Hugo Chávez para dirigir la seguirdad del mayor hotel del país por haberme permitido fumar durante mi larga estancia a sabiendas de que apestaba a marihuana por toda la planta donde estuve hospedado. En aquellos años todavía estaba prohibido, vinieron tres tipos trajeados que llamaron a la puerta de mi habitación con la excusa de que había saltado la alarma de incendios y cuando se aclaró el tema de la alarma, uno de ellos me espetó: «aquí huele a marihuana y usted no está en su país». En cuanto se marcharon bajé a recepcción a buscar al jefe de seguridad y le dije: Soy consciente de que no se puede fumar marihuana, tengo 50 gramos en la caja fuerte de mi habitación, yo no consumo cocaína ni trafico con nada, estoy aquí trabajando y me gusta fumarla. Muy cuerdo el me respondió: sí tu puedes, tu puedes.

En países como Argentina que actualmente ya es más fácil encontrar buenas flores de marihuana, recuerdo una noche que estaba terminando de cenar en un restaurante y en una mesa al lado estaba un policía y le dije, que difícil es fumarse un porrito en Buenos Aires. Se puso como loco y me dijo: «Te agarran con una tuca y vas en cana». Traduzco la frase para el resto de hispanohablantes, lo que el funcionario me estaba diciendo es que si me pillan con el final de un porrito vas preso. Y un buen porrero como yo con dignidad y siendo consciente de que no hago mal a nadie no me pude callar y le respondí que a ver para que estaban los jueces y a ver si en la academia les daban el uniforme sin saber lo básico. El tipo se levantó de la mesa y huyó avergonzado.

Podría nombrar también a un miembro motorizado de la policía turística de Uruguay que en 2014 seguía sin saber que se pueden fumar porros por la calle desde hace décadas y vino a hostigarme junto al mercado del puerto en Montevideo.

No olvido tampoco a un municipal de una triste ciudad del norte de España de cuyo nombre no quiero acordarme, en la que en 1610 quemaban gente viva y aplaudían, que me quería cachear siempre que me veía por la ciudad, hasta que la tercera vez ya no los aguanté más y tuve que ir a comisaría a hablar con su jefe y explicarle que además de ser acoso lo que me estaban haciendo, la segunda vez que me multaron iban 3 coches y al bajar los 9 agentes para multarme por una piedrita de hash que acababa de comprar, se encendieron 9 cigarrillos que se fumaban como locos y que tenían un extraño moquillo en la nariz del que me dieron ganas de llamar al 091 para que los llevaran al hospital a hacer análisis. El jefe, como buen jefe, lo entendió a la primera y a partir de ese día cada vez que me veían pasaban ya de largo.

Cuando he comenzado a escribir este artículo no era mi intención contar estas anécdotas aunque considero que no está de más.

Volviendo al tema central, decir que a día de hoy sigue habiendo un derroche de recursos públicos dedicados a esta absurda guerra contra la marihuana. Además de este inútil gasto no puedo terminar sin hablar de los problemas de salud pública derivados de esta absurda guerra contra la marihuana. En la mayor parte de sudamérica el mercado está copado por marihuana paraguaya prensada que apesta a amoniaco y como cualquier persona que no sea político puede imaginar, estas sustancias que le añaden a la marihuana con la excusa de que no sea detectada por los perros en los controles de carretera, causan muchos problemas de salud a los usuarios.

No puedo terminar sin hablar de las miles de víctimas de la absurda guerra contra la marihuana, personas a las que por el mero hecho de cultivar para su consumo, sin vender un solo gramo, les metieron en causas penales que se dilatan en el tiempo con la consiguiente perdida de calidad de vida propiciada por la preocupación y el estrés que conllevan todas estas situaciones. Además de las grandes multas por tener unas plantitas en casa. Y los miles de personas que fueron presas, que se vieron encarceladas entre asesinos, psicópatas y grandes delincuentes.

No podemos olvidar a esos militantes cannábicos que se la juegan por facilitar unas dosis de marihuana a enfermos y a esas valientes madres que cultivan marihuana como única esperanza para la epilepsia refractaria y el autismo de sus hijos que desafian la ley. Al igual que millones de enfermos crónicos que deben recurrir al mercado negro para comprar cannabis de dudosa calidad. Porque nunca debemos olvidar que la marihuana es sobre todo medicina, para el cuerpo y para el alma.

Por todo ello y en nombre de la dignidad humana y el sentido común, en estos peligrosos tiempos donde las multinacionales y políticos empiezan a decir un siglo después de prohibirla lo buena que es la marihuana, pido el derecho al autocultivo de marihuana para todos los ciudadanos del planeta.

Y estén tranquilos políticos y multinacionales que al igual que ahora es legal el cultivo de tabaco y casi nadie lo planta, siempre habrá una mayoría que tendrá que recurrir al mercado legal y su enfermedad por seguir llenando de ceros, o palos verdes que dicen en América, sus cuentas corrientes no se verá afectada.

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