marihuana legal

Del comercio ilegal pasó a empresario de marihuana legal

Todo lo que este mexicano hizo para convertirse en empresario de marihuana legal en Estados Unidos.

“¡Hi, bro, bienvenido a la capital de la mota!”, suelta Joel Camarena con contagioso entusiasmo apenas traspaso la puerta de Cronic Life (así sin hache), el negocio donde este chihuahuense de 40 años oferta diversos artículos referentes al mundo de la marihuana, como pipas de agua y papel para liar, además, publica una revista especializada donde promueve la legalización de esta droga a nivel nacional (Cronic).

El lugar es además un punto de partida de los tours del Rollin Joint, el autobús de su propiedad donde la gente puede consumir la yerba sin restricción alguna. Tras su inicial gesto de cortesía, Joel se acerca y me brinda una especie de saludo ritual, muy de gang (pandilla), en el cual, uno a la vez, roza sus hombros contra los míos.

Sin perder en ningún momento el buen humor; obedece sin chistar las indicaciones del fotógrafo, quien lo pone a posar lo mismo afuera de su negocio, que junto a su autobús; con su cigarro de marihuana entre los dedos, o mostrando el último número de su magazine cannábico.

Al ver ahí a este calvo prematuro con ligera facha de rapero, gorra de beisbolista y colorados ojos de rendija, uno trata de visualizar la época en que recorría el desierto como narcotraficante de marihuana, a finales del siglo pasado y principios de éste. “Comencé a vender marihuana cuando vivía en Puerto Palomas, Chihuahua.

Camarena narró que era 1988 y sólo tenía 13 años de edad. Le robaba la droga a mi tío, un dealer de la zona, y la vendía en Columbus, la ciudad gringa que invadió Pancho Villa.

Al consultarle ¿Cómo pasabas la marihuana? Dijo que en un camión de pasajeros que cruzaba la frontera todos los días, porque sabía que un día a la semana no revisaban el camión, y yo lo aprovechaba para llevar mi regalito. Joel llegó a Denver a principios de los 90, donde se empezó a involucrar con pandillas y a expandir el negocio.

“Comencé a pasar grandes cantidades de yerba en vehículos propios. Tenía gente en Juárez y en Denver trabajando para mí, pero de 1996 a 2001 llegué a pasar hasta dos toneladas mensuales de mota.

“Le tuve que parar porque en 2001 me detuvo la policía gringa con un gran cargamento. Estaba en el tanque de la gasolina. Estuve tres años en el bote, de 2001 a 2004.

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—¿Dejaste el negocio al salir de la cárcel?
—No, sí me puse más trucha, pero no pude dejar el negocio. Esto es lo que uno sabe hacer.

—¿Te detuvieron en otras ocasiones?
—Sí, en 2005. Fue aquí en Denver. Al detenerme me golpearon y fui a dar al hospital, por lo que contraté unos abogados y acusé a la policía de que habían violado mis derechos humanos. Gané el caso y no me pudieron encarcelar.

“De nuevo regresé al negocio hasta que en 2007 me agarraron en el trayecto de Palomas a Juárez. Esta vez fue la policía mexicana. Íbamos bien cargados a empaquetar el producto. Nos dejaron ir, pero se llevaron la mota, mi reloj y nuestros celulares. Eso sí, se portaron bien, pues me dejaron una libra de yerba. Luego de eso, me retiré y agarré un trabajo derecho en las empresas de computación de unos amigos”.

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